APRENDIZAJE PARA LA CREATIVIDAD TECNOLOGICA
Hacia un nuevo paradigma pedagógico - Por Eduardo Fernández
A).- INTRODUCCIÓN
“La enseñanza no es una función vital, porque no tiene fin en sí misma; la función vital es aprender”
(Aristóteles)
No resulta habitual, y no es en ningún caso
fácil, hacer experimentos en educación, ya sea por problemas presupuestarios,
por falta de personal, o por no contar con la autorización y apoyo de las
autoridades educativas.
Experimentar tiene sus riesgos, y más cuando
están involucrados seres humanos como sujetos principales de la
experimentación, de ahí la marcada renuencia y los excesivos reparos o
sospechas que la mayoría encuentra ante las nuevas propuestas educativas.
La presente reseña tiene por objeto detallar
las experiencias, los objetivos, las actividades y los resultados de
Se trata de un modelo pedagógico sencillo,
casi artesanal, que ha sido aplicado con éxito durante 20 años, en el ámbito
propicio de libertad y comprensión que encontramos en la Escuela Del Sol, de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y al
permanente apoyo de su dueña Mariana Biro, la hija de Ladislao José Biro, el
inventor del bolígrafo.
Este modelo pedagógico ha planteado un nuevo
paradigma que desafía y cuestiona a muchos de los supuestos y modelos
educativos vigentes en todo el mundo, y que pese a su sencillez y escala
artesanal ha demostrado su efectividad.
Si bien nuestra propuesta pedagógica se
centra en un aula, y con reglas básicas propias de cualquier ámbito educativo
no hizo ni hace falta citar, invocar o aplicar lo que ya todos han escuchado y
leído en los ámbitos académicos, casi hasta el cansancio, y sin ningún espíritu
crítico; desde las teorías más difundidas de Comenius, Pestalozzi, Montessori,
Dewey, Vigotski, Piaget y Paulo Freire, hasta las escuelas de vanguardia como
la de A.S. Neill con su Summer Hill, Rudolf
Steiner con su Pedagogía Waldorf, o la tan pretendida como forzada metodología
TRIZ.
Todo se inició cuando en 1980, comencé a
organizar clases de “Heurística”
(el arte de la invención), como un taller no oficial, de asistencia voluntaria
y fuera del horario escolar, en una prestigiosa escuela industrial, el ENET
N°1 “John F. Kennedy, de Lanús, Pcia. de
Buenos Aires, con alumnos de 3°, 4°, 5° y 6° año, que asistían en forma
voluntaria.
Las clases duraban dos horas, una vez por
semana, concurrían alrededor de 20 alumnos, y no había un programa fijo, sino
que todo transcurría a partir de charlas
casi espontáneas en base a mi propia experiencia como inventor y al permanente
interés y curiosidad de los alumnos por intentar mejorar y/o inventar, como una
respuesta a problemas o necesidades técnicas.
Durante las clases se planteaban problemas
técnicos específicos y se discutía las mejores estrategias y opciones para
resolverlos, se dibujaba, se modelizaba y se probaban los resultados, donde
todos los participantes aportaban sus opiniones, objeciones o sugerencias.
Esta experiencia se llevó a cabo en forma no
sistemática e intermitente hasta el año 1989; en 1990, y viendo la necesidad de
sistematizar este incipiente modelo pedagógico, presenté la propuesta a Mariana
Biro, quien generosamente nos facilitó las aulas de la Escuela Del Sol, donde
los días Sábado comenzamos las primeras clases de la Escuela Argentina de
Inventores, con cinco alumnos, todos hijos de colegas inventores, que mostraban
un gran interés por inventar, seguramente como resultado del estímulo que
representaba para ellos ver a sus
propios padres abocados a esa tarea.
Desde entonces han pasado por nuestro “aula-taller”
más de 1.000 alumnos y los cursos
regulares han estado dirigidos a niños y adolescentes entre los 6 y los 16
años, con un 80% de varones y un 20% de mujeres, y abiertos a toda la
comunidad.
Los alumnos más destacados han demostrado
tener un mismo perfil psicológico: son altamente curiosos y creativos,
independientes, sensibles, inconformistas con lo ya establecido, con facilidad
para dibujar, y con facilidad de expresión oral y escrita; pero al mismo tiempo
muchos de ellos también han demostrado no ser buenos alumnos en la escuela
tradicional, con ciertas dificultades de adaptación al sistema educativo
formal.
Todos han
llegado a la Escuela Argentina de Inventores (EAI), por propia iniciativa de
los padres, al enterarse de nuestras actividades y al relacionar nuestro
programa educativo con las necesidades e inquietudes de sus hijos.
La Escuela Argentina de Inventores (EAI), es
un programa pedagógico no formal, que ha sido diseñado e implementado con el
objetivo de estimular y desarrollar el Pensamiento
Inventivo de niños y adolescentes.
Debemos destacar enfáticamente que nuestro
programa no está relacionado ni con un club de ciencias, ni con un taller de
manualidades, ni con un taller de artes y oficios.
Las clases son abiertas, se llevan a cabo
los días sábado de
Los objetivos
permanentes de nuestro programa son:
1).- Desarrollar el Pensamiento Inventivo a través del aprendizaje por el
descubrimiento.
2).- Promover
el talento natural de los niños para
hacer preguntas, y para manipular objetos que desconocen, con el fin de
entrenar su curiosidad e imaginación.
3).- Estimular la capacidad para percibir y
resolver problemas en forma original y práctica.
4).- Favorecer el desarrollo de una actitud
sensible hacia las dificultades y carencias del mundo que los rodea, siendo
capaces de ver en cada problema una oportunidad de cambio positivo.
5).- Fortalecer un sentido solidario en el trabajo grupal, para que los alumnos aprendan a asumir sus responsabilidades con sus compañeros, y con la comunidad en la que viven.
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